Las compañías energéticas deberán priorizar la gobernanza del dato, la protección de activos OT y la resiliencia tecnológica para no comprometer su continuidad operativa ante un contexto en el que la incertidumbre se ha vuelto estructural.
Y es que el sector energético y de utilities inicia un periodo convulso en el que a la transición energética y la presión regulatoria se suma la creciente inestabilidad geopolítica, la mayor aceleración tecnológica debido a la irrupción de la IA y el aumento de la exposición a la ciberdelincuencia en entornos industriales.
En este sentido, y según el análisis de Stratesys, Takis Tsakopoulos, socio de la firma y líder de Energía y Utilities, afirma: “La resiliencia operativa ha dejado de ser un concepto técnico para convertirse en una cuestión estratégica. Hoy, la capacidad de garantizar suministro y proteger infraestructuras críticas es tan relevante como la rentabilidad”.
Las tensiones en mercados, reconfiguración de flujos de suministro, sanciones y dependencia energética están condicionando decisiones de inversión y planificación.
Las utilities operan ahora en un modelo híbrido: planificación a largo plazo y reacción inmediata ante eventos inesperados. En este contexto, la analítica avanzada, la simulación de escenarios y la modelización predictiva dejan de ser herramientas de optimización para convertirse en mecanismos de supervivencia estratégica.
Tras años de inversión en digitalización, el desafío en 2026 ya no es capturar información, sino transformarla en decisiones operativas automáticas o asistidas.
Mantenimiento predictivo, planificación energética, gestión de redes o control de activos críticos dependen cada vez más de algoritmos capaces de anticipar fallos, optimizar recursos y reaccionar ante desviaciones.
“Las utilities que consigan pasar del dato a la decisión automatizada serán las que lideren el sector. Las que no, se quedarán con sistemas costosos que no generan ventaja competitiva”, señala el experto.
El riesgo, sin embargo, es evidente: sin datos fiables y gobernados, la IA puede amplificar errores en lugar de reducirlos.
La irrupción de la inteligencia artificial está cuestionando el modelo tradicional del software empresarial en el sector energético. El denominado SaaS-apocalypse refleja cómo muchas organizaciones están replanteando su dependencia de grandes suites monolíticas para evolucionar hacia arquitecturas más componibles y orientadas a capacidades.
Los departamentos de IT están transitando desde la integración de plataformas cerradas hacia la orquestación de servicios especializados, más cercanos al negocio y con mayor flexibilidad.
Este cambio no es meramente tecnológico: redefine la forma en que la operación energética se articula con la estrategia corporativa.
La digitalización y la hiperconectividad, incluida la conexión satelital de activos remotos, han ampliado de forma significativa la superficie de ataque de infraestructuras críticas.
Los activos industriales que antes estaban aislados ahora pueden ser vulnerables a sabotajes, robo de propiedad industrial o ataques con motivación geopolítica.
“La ciberseguridad OT ya no es una cuestión de compliance. Es una condición indispensable para garantizar la continuidad del negocio energético”, advierte Tsakopoulos.
En escenarios de integración, consolidación o crecimiento acelerado, la tecnología debe actuar como elemento estabilizador, asegurando que procesos y sistemas estén alineados desde el primer día.
La volatilidad del mercado energético y la presión regulatoria apuntan a un entorno de consolidación sectorial creciente. En ese contexto, la innovación no puede ser experimental ni aislada. Las utilities necesitan modelos tecnológicos capaces de integrar organizaciones complejas, armonizar sistemas heredados y garantizar seguridad y escalabilidad.
“El verdadero reto no es adoptar más tecnología. Es saber dónde aplicarla, cómo proteger el dato y cómo operar con seguridad en un entorno de incertidumbre permanente”, concluye el socio de Stratesys.
Durante este año, la diferencia entre líderes y rezagados no estará en quién habla más de transformación, sino en quién ha construido una arquitectura resiliente, segura y gobernada. Por tanto, la batalla ya no es únicamente energética, sino que es tecnológica, estratégica y, sobre todo, operacional.
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