La industria española se tiene que preparar para competir en un entorno global de transformación y cada vez más complejo. Para ello, debe consolidar sus avances, escalar las soluciones de Industria 4.0, aprovechar el potencial de la inteligencia artificial y situar la sostenibilidad en el centro de la estrategia industrial.
Las empresas se enfrentan a una nueva normalidad industrial en la que hay que tomar decisiones en entornos cada vez más impredecibles, como señala el último Estudio CEAM Metal, que señala un aumento del grado de madurez digital en la industria española para responder a este contexto. La digitalización ya no se limita a mejorar la eficiencia operativa, sino que se consolida como una palanca estratégica para rentabilizar el valor del dato y reforzar la competitividad industrial.
El entorno geopolítico continúa siendo uno de los grandes factores de presión para la industria de cara a 2026. La volatilidad de los mercados energéticos, la reconfiguración de las cadenas de suministro y la competencia entre grandes bloques económicos están obligando a las empresas a replantear sus estrategias productivas. El propio estudio señala que la transformación digital cobra especial relevancia en este contexto, al permitir mayor resiliencia, trazabilidad y capacidad de reacción ante disrupciones externas.
En este sentido, la inteligencia artificial se perfila como uno de los vectores de cambio más relevantes. Aunque su grado de implantación todavía es limitado en el conjunto del tejido industrial español, el informe destaca un crecimiento progresivo, especialmente en empresas medianas y grandes. Aplicaciones como la automatización de procesos, el análisis avanzado de datos, el mantenimiento predictivo o el apoyo a la toma de decisiones marcarán una diferencia clara en productividad y eficiencia. De cara a 2026, el verdadero reto será la capacidad de integrar la IA de forma coherente con los procesos, los datos y las personas.
Al mismo tiempo, se intensifica la implantación de soluciones de Industria 4.0. Tecnologías como el Internet de las Cosas industrial, la analítica de datos, la robótica, la computación en la nube o los gemelos digitales avanzan de forma desigual según el tamaño y el sector de las empresas, pero con una tendencia clara al alza. El estudio pone de manifiesto que las organizaciones con mejores resultados son aquellas que parten de procesos previamente optimizados, cuentan con una estrategia clara desde la dirección y apuestan por la calidad y la integración de los datos como base para la toma de decisiones. La madurez digital, en este sentido, no se mide por el número de sistemas implantados, sino por su capacidad para generar claridad operativa.
Otro de los grandes ejes que marcarán la industria en 2026 es la incorporación de tecnologías orientadas a la sostenibilidad. La eficiencia energética, la descarbonización y la economía circular dejan de ser únicamente una exigencia regulatoria para convertirse en un factor clave de competitividad. El informe subraya que la digitalización y la fabricación inteligente permiten optimizar el uso de recursos, reducir consumos energéticos y minimizar emisiones, alineando productividad y sostenibilidad en un mismo modelo industrial.
La evolución hacia la denominada Industria 5.0 contempla la digitalización con un enfoque más humano, sostenible y resiliente. De cara a los próximos años, la industria deberá avanzar, además de en tecnología, en talento, cultura organizativa y gestión del cambio, aspectos que el informe identifica como determinantes para el éxito de los proyectos de transformación digital.
En conclusión, las perspectivas para 2026 dibujan una industria más digital, más conectada y consciente de su papel económico y social. El aumento de la madurez digital en la industria española es una realidad en marcha.
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