Durante años, la automatización industrial se diseñó para entornos estables y previsibles. Hoy, ese marco ha cambiado de forma estructural. La industria opera en un contexto marcado por una mayor volatilidad de la demanda, la electrificación progresiva de los procesos y una presión creciente por mejorar eficiencia, sostenibilidad y competitividad. En este escenario, la capacidad de adaptación deja de ser una ventaja y pasa a convertirse en una condición necesaria para operar.
Desde esta perspectiva, en Schneider Electric venimos observando cómo los modelos tradicionales de automatización, concebidos para procesos estables y configuraciones fijas, muestran crecientes limitaciones. La evolución del entorno industrial exige sistemas capaces de adaptarse de forma continua, integrando automatización, energía y digital intelligence para responder a cambios operativos, energéticos y de mercado.
Este cambio de paradigma tiene un impacto económico medible. En el marco de un estudio sectorial reciente elaborado por la firma de análisis Omdia y presentado por Schneider Electric, se estima que las empresas industriales que modernizan sistemas de automatización cerrados hacia arquitecturas más abiertas y definidas por software pueden generar hasta 11,28 millones de dólares adicionales al año en eficiencia y competitividad operativa. El análisis identifica pérdidas relevantes asociadas a la rigidez de los sistemas tradicionales, vinculadas a mayores tiempos de inactividad, costes de mantenimiento y dificultades para adaptarse a nuevos requisitos productivos.
Este diagnóstico no es exclusivo de un sector ni de una región concreta. La necesidad de operar con mayor flexibilidad y capacidad de adaptación ya se está materializando en entornos industriales reales. El World Economic Forum recoge que su Global Lighthouse Network ha pasado de 16 a 189 instalaciones industriales en apenas seis años, abarcando más de 30 países y 35 subsectores. Esta evolución refleja cómo un número creciente de compañías está adoptando modelos operativos más digitales, conectados y preparados para gestionar la variabilidad.
Ante esta realidad, la industria comienza a replantear no solo cómo se diseñan los sistemas, sino cómo se operan y evolucionan en el tiempo. Los enfoques definidos por software, abiertos y modulares, permiten desacoplar hardware y software y reducir la complejidad asociada a cambios en producción, integración de nuevas tecnologías o adaptación a nuevos requisitos operativos. Este modelo facilita una evolución progresiva de los sistemas industriales, evitando reingenierías completas y acortando los tiempos necesarios para introducir cambios en planta.
La transformación de los sistemas industriales no puede entenderse sin su relación directa con la electrificación de los procesos y la gestión de la energía. En línea con los objetivos del Pacto Industrial Verde europeo, que sitúa la descarbonización, la electrificación y la digitalización como ejes para reforzar la competitividad industrial, automatización y energía dejan de gestionarse como ámbitos independientes. Esta convergencia permite optimizar simultáneamente la producción, el consumo energético y la resiliencia operativa, alineando eficiencia industrial y sostenibilidad.
Este enfoque integrado tiene implicaciones directas a lo largo de todo el ciclo de vida de los sistemas industriales. Desde el diseño y la ingeniería hasta la operación y el mantenimiento, los modelos definidos por software permiten una gestión más coherente y evolutiva de las instalaciones. Para ingenierías e integradores, este cambio supone pasar de proyectos puntuales a modelos de acompañamiento a largo plazo, centrados en la modernización progresiva de activos, la interoperabilidad de sistemas y la optimización continua de la operación.
De cara a los próximos años, la competitividad de la industria dependerá en gran medida de su capacidad para abandonar enfoques rígidos y adoptar modelos preparados para operar en entornos dinámicos. Avanzar hacia sistemas industriales definidos por software y orientados a la adaptación continua no es solo una decisión tecnológica, sino una palanca estratégica para sostener la resiliencia, la eficiencia y el crecimiento industrial.
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