Los robots humanoides podrían iniciar pronto su despliegue a escala industrial, según el informe ‘Humanoid Robots 2026 – The Convergence Moment for a New Market’ de Roland Berger.
El documento señala que, tras las pruebas, los avances en inteligencia artificial y hardware robótico podrían permitir que estos sistemas operen con costes de funcionamiento de alrededor de dos dólares por hora en el futuro, lo que los convertiría en una palanca decisiva para la competitividad en países con altos costes laborales, además de fomentar nuevas industrias y contrarrestar la escasez de talento cualificado.
Así puse, los fabricantes de robótica podrían alcanzar ingresos de entre 300.000 y 750.000 millones de dólares en 2035. A largo plazo, el mercado podría llegar hasta los 4 billones de dólares, lo que lo situaría en niveles comparables a la industria automovilística.
“Nos encontramos en un punto en el que la viabilidad tecnológica se cruza con la necesidad económica. La cuestión clave ya no es si los robots humanoides son una realidad, sino a qué velocidad escalará”, afirma Thomas Kirschstein, socio de Roland Berger.
Se espera que los robots humanoides creen nuevos mercados mucho más allá del propio robot: desde motores, componentes mecánicos y sensores hasta electrónica y equipos de producción, en una compleja cadena de valor que, en gran medida, se basa en capacidades industriales ya existentes.
No obstante, antes de que estos robots puedan asumir tareas de producción totalmente autónomas, la tecnología debe seguir evolucionando. Actualmente, el hardware se encuentra en una fase avanzada, sin embargo, el software, las cadenas de suministro y la regulación están madurando de forma más progresiva. Por ello, los beneficios aparecerán inicialmente en aplicaciones claramente definidas y repetitivas, como el desembalado o el transporte de productos. Solo a medida que el software alcance una mayor madurez se ampliará el abanico de tareas de los robots.
Asimismo, durabilidad, seguridad y responsabilidad legal también determinarán la velocidad y el alcance de la industrialización, puesto que estos sistemas complejos deben soportar un funcionamiento continuo en entornos de producción exigentes.
Por otra parte, las normas de seguridad actuales están diseñadas para la automatización tradicional, con barreras físicas. Los robots humanoides, en cambio, trabajan de forma dinámica y comparten espacios con las personas. Esto requiere nuevos enfoques de prueba y certificación, así como una legislación armonizada.
Europa cuenta con una sólida base industrial, especialmente en la fabricación de automóviles, la ingeniería mecánica y la automatización. Sin embargo, las inversiones, los volúmenes y los ecosistemas de startups siguen por detrás de Estados Unidos y China, por lo que debe actuar con decisión.
En este sentido, Pol Busquets, socio de Roland Berger, señala que “Europa cuenta con capacidades tecnológicas para beneficiarse del desarrollo de robots humanoides, si bien será clave invertir en cadenas de valor propias y escalar con rapidez”.
Con costes operativos de alrededor de dos dólares por hora, los robots humanoides abren la posibilidad de relocalizar en Europa producción intensiva en mano de obra de forma económicamente viable. El requisito es contar con una estructura europea de creación de valor: mayor escalabilidad, más inversión y una estrecha integración entre industria, proveedores y empresas tecnológicas.
Si esto no se consigue, Europa corre el riesgo de depender de tecnologías extranjeras, a pesar de contar en la actualidad con más de 20 startups de robots. Sin una cadena de valor industrial propia capaz de competir con Estados Unidos y China, una parte significativa de los efectos económicos se generaría fuera de Europa, como ya se observa en parte de la industria de la inteligencia artificial.
Con responsables de envases y embalajes de firmas alimentarias y expertos del packaging
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