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Nos lo cuenta Carlos Reinoso, director general de Aspapel

Papel, el motor de una potente cadena de valor con un gran efecto tractor sobre el conjunto de la economía

Maquina papelera
España es el sexto productor de papel de la UE, tras Alemania, Finlandia, Suecia, Italia y Francia. FOTO: Aspapel
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La facturación global (directa, indirecta e inducida) de la cadena del papel supone el 4,5% del PIB español, el 18,5% del empleo industrial y el 2% del empleo total. Con el 8,8% de la producción industrial, la cadena genera el 13,2% del valor añadido de la industria.


La industria papelera tiene en España diez fábricas de celulosa y 79 fábricas de papel. Somos el sexto productor de papel de la UE, tras Alemania, Finlandia, Suecia, Italia y Francia y el quinto productor de celulosa, después de Suecia, Finlandia, Portugal y Alemania. Y somos tras la industria papelera alemana la segunda más recicladora de Europa. Son datos de la asociación Aspapel, cuyo director general, Carlos Reinoso, comenta que el sector papelero es además “motor de una potente cadena de valor con un gran efecto tractor sobre el conjunto de la economía”. Tanto es así que la facturación global (directa, indirecta e inducida) de la cadena del papel supone el 4,5% del PIB español, el 18,5% del empleo industrial y el 2% del empleo total. Con el 8,8% de la producción industrial, la cadena genera el 13,2% del valor añadido de la industria.

Carlos Reinoso director general de Aspapel 61


Carlos Reinoso es el director general de Aspapel



En este contexto, en 2020, el año de la Covid-19 y del período transitorio del Brexit, el sector papelero español mostró su músculo con una producción de 6,27 millones de toneladas de papel y 1,65 millones de toneladas de celulosa, con una caída en la producción de papel del 2,6% y del 0,4% en la de celulosa. Y es igualmente reseñable que el empleo se mantuvo estable con respecto a 2019. “El mayor crecimiento lo experimentaron los papeles para cartón ondulado (5,1%) y los papeles higiénicos y sanitarios (3,2%)”, continúa Reinoso, “por el contrario, la producción de papeles gráficos  descendió un 33,2% y la de los papeles especiales cayó el 9,2%. El resto de los papeles se mantienen en volúmenes similares a los del ejercicio anterior”. Y, respecto al presente ejercicio, en los cinco primeros meses de 2021, se registró un crecimiento global de la producción del 3,8%, con incrementos de dos dígitos en abril y mayo. Se produjeron aumentos de producción en casi todos los grandes tipos de papeles, según confirma el director general.


Virtudes y desafíos


Centrándonos en los puntos fuertes del sector, uno de ellos es que produce un mix muy equilibrado de papeles que incluye todas grandes variedades para el muy diverso abanico de productos papeleros. Otra fortaleza es el hecho de contar con la cadena de valor completa en el ámbito doméstico, lo que ha permitido “la práctica autosuficiencia y por ende la capacidad de gestionar en situaciones muy complejas en estos últimos meses”, añade Reinoso. El uso de materias primas locales es otro factor de fortaleza de la industria papelera española. El 73% de la materia prima empleada es fibra reciclada y el 27% fibra virgen. El 97% de la madera y 71% del papel para reciclar son de procedencia local. “Este alto nivel de suministro local de materias primas es uno de los signos de identidad de la industria papelera española y un factor que contribuye a su fortaleza, en un país con un gran déficit de materias primas”. Otro punto fuerte del sector es su comportamiento medioambiental. El sector de la celulosa y el papel en España es una industria bicircular, que aúna la circularidad natural de una materia prima renovable como la fibra de celulosa, procedente de madera de plantaciones, con la circularidad social del reciclaje, ya que los productos papeleros no solo son reciclables, sino que se reciclan masivamente. “Y somos además líderes en descarbonización industrial. Estamos viviendo un proceso importante de sustitución de productos. Muchos prescriptores, envasadores, diseñadores y distribuidores, ante la demanda de los consumidores finales, están buscando soluciones de embalaje más sostenibles y, por tanto, dirigiendo su mirada hacia el papel y el cartón, que son renovables, reciclables y biodegradables, la opción natural para el comercio, la logística y el transporte”, puntualiza. Respecto a sus principales retos, en los próximos tres años “hemos propuesta al Gobierno acometer un plan de inversiones estratégicas por valor de 1.400 millones, que impulsará la transformación de la cadena del papel española en un referente internacional de industria circular y descarbonizada”, explica el director general de Aspapel.


Inmerso en la Industria 4.0


Por otra parte, el ya mencionado plan de inversiones estratégicas del sector se desarrolla en cuatro líneas de actuación: reducir la huella ambiental con el desarrollo de procesos y productos de sustitución (563 millones de €), liderar la economía circular (144 millones de €), avanzar en descarbonización (302 millones de €) y avanzar en transformación digital (137 millones de €). Según explica Reinoso, “la reducción de la huella ambiental se aborda con mejoras de eficiencia energética y reducción del uso de agua en el proceso de fabricación y con el impulso de la ecoinnovación mediante el desarrollo de bioproductos papeleros bicirculares (renovables, reciclables y reciclados masivamente) y bajos en carbono, como alternativa a los productos intensivos en carbono procedentes de fuentes no renovables. “La segunda línea de actuación se orienta a reforzar el liderazgo del papel en la economía circular, con mejoras en la valorización de los residuos de proceso y en la calidad del reciclaje y su medición; por lo que se refiere a la descarbonización, el proyecto PAPEL BCD incluye actuaciones encaminadas a la sustitución del gas y combustibles fósiles por combustibles renovables e hidrógeno verde en las cogeneraciones (eCogeneracion), la incorporación de biogás e hidrógeno verde como combustibles con impacto neto nulo para cubrir la demanda de energía térmica en la producción de celulosa y papel y la integración de instalaciones de generación de electricidad a partir de fuentes renovables (fotovoltaica, biomasa, residuos renovables, etc.). Por último, la cuarta línea de actuación del proyecto se refiere a la transformación digital, avanzando en el concepto de fábrica digital donde todos los medios productivos están conectados, las cadenas de suministro están integradas y los canales de distribución y atención son digitales. Esto incluye, además, la digitalización de la cadena de suministro, la interacción con los clientes y los canales de distribución”.


El reciclaje, vital para el sector


No podíamos terminar este reportaje sin dedicarle un espacio concreto al reciclaje, uno de los aspectos fundamentales de la industria papelera. En este sentido, España es el segundo país más reciclador de papel y cartón de la Unión Europea después de Alemania. En 2020, las fábricas papeleras españolas reciclaron 5,1 millones de toneladas de papel usado, un volumen semejante al de 2019. “Este éxito del reciclaje en España es posible  gracias a dos factores: un sistema de recogida monomaterial de papel usado altamente eficiente, gracias al gran trabajo de los ayuntamientos y a la colaboración masiva de la ciudadanía,  y una industria papelera con una gran capacidad recicladora, que garantiza el reciclaje en nuestro país de todo el papel y cartón recogido selectivamente, que cumpla con los estándares europeos de calidad”, concluyen desde Aspapel.





AVENCE TECNOLÓGICO Y MEDIO AMBIENTE


Aparentemente, el uso del papel cada vez está más restringido por el avance tecnológico provocado por la digitalización de la sociedad y por obvios problemas relacionados con el impacto para el medio ambiente en el consumo inadecuado de celulosa, ¿es esto claramente un problema para el sector o existen caminos paralelos que aseguran un futuro prometedor para la industria papelera? Es la pregunta que lanzamos a Carlos Reinoso, director general Aspapel, y ésta ha sido su respuesta: “El sector del papel está viviendo un momento de grandes oportunidades,  si bien es cierto que también se enfrenta a desafíos importantes. Pero la situación es muy asimétrica para los diferentes tipos de papeles”. Así, los papeles para usos gráficos y de comunicación —especialmente el papel prensa— son los que más han sufrido y están sufriendo el embate de internet y las nuevas tecnologías. En el ámbito de la comunicación y la publicidad se vive una auténtica revolución que afecta y ha afectado al soporte papel. Sin embargo, junto a esa contracción de algunos mercados más maduros, “también se está experimentando una expansión notable de los mercados ligados al papel de envases y embalajes y los papeles sanitarios con sus múltiples y variadas aplicaciones y una infinidad de papeles especiales para usos múltiples. Globalmente, hablamos de un sector en transformación que está migrando, en cierta medida, hacia mercados con mayor potencial de crecimiento como los envases y embalajes y productos de mayor valor añadido, como los papeles especiales: papel decorativos, papel de seguridad, papel metalizado, papel autoadhesivo, papel filtro y un largo etcétera”.

Celulosa



En el crecimiento de los papeles para envase y embalajes se conjugan dos aspectos: el auge del comercio electrónico y la tendencia hacia un consumo más sostenible, donde el papel con sus imbatibles características medioambientales (renovable, reciclable y reciclado masivamente, biodegradable…) es la opción natural. Por último, el papel es un material muy bien valorado por los ciudadanos por sus características medioambientales. Según la Encuesta del papel (Sigma Dos 2020 para la cadena del papel), los consumidores valoran los productos papeleros con un 7,8 sobre 10. Sus características más valoradas son la reciclabilidad (con un 8,5 sobre 10), la biodegradabilidad (8,1), el hecho de que se adaptan bien a las funciones para las que se utilizan (8) y la seguridad de su uso (7,9). Por todo ello, el 85% de los encuestados quiere que el uso de productos papeleros se incremente, sustituyendo a otros materiales (65%), o que al menos se mantenga (20%).




Este artículo aparece publicado en el nº 531 de Automática e Instrumentación

págs. 36 a 38.

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