El Battery & Energy Storage Tech Europe reunirá a empresas, centros tecnológicos e investigadores del almacenamiento energético en Fira Barcelona durante el próximo mes de septiembre.
Este evento tendrá lugar en un contexto de crecimiento del mercado europeo del almacenamiento y desarrollo de nuevas herramientas para reforzar su dimensión industrial. Un contexto que, con todo, combina una expansión sostenida de la demanda, un avance significativo de los proyectos de gran escala y un esfuerzo político e industrial por reforzar la cadena de valor europea.
A dicha expansión contribuyen nuevas políticas europeas para reforzar la fabricación, el acceso a materiales y la autonomía industrial del sector de las baterías. El continente quiere consolidar una base industrial propia para esta tecnología que es esencial para la estabilidad de la red eléctrica (y evitar apagones como el del 28 de abril del pasado año), como para el avance de la transición energética.
Ante este contexto, SolarPower Europe señala que la Unión Europea instaló 27,1 GWh de nueva capacidad de almacenamiento en baterías en 2025, un 45% más que el año anterior, hasta alcanzar un total acumulado de 77,3 GWh. El crecimiento estuvo encabezado por los proyectos de gran escala, que concentraron más de la mitad de las nuevas instalaciones, reflejando el peso creciente del almacenamiento en redes, renovables e infraestructuras energéticas.
A medida que crece ese mercado, aumenta también la atención sobre la autonomía industrial. En este caso, la cuestión no es solo instalar más baterías, sino decidir en qué medida Europa quiere fabricar dentro de su territorio una parte relevante de las tecnologías, materiales y equipos que necesitará durante la próxima década. En otras palabras, el almacenamiento se ha convertido también en una cuestión de capacidad productiva, seguridad de suministro y posición industrial.
Europa ya cuenta con una base manufacturera significativa. En 2025 sumaba 252 GWh de capacidad nominal de fabricación de celdas, aunque la mayor parte de esa capacidad estaba orientada al vehículo eléctrico y no al almacenamiento estacionario. Al mismo tiempo, el sector sigue dependiendo en buena medida del exterior para distintos materiales, componentes y etapas de la cadena de suministro, lo que ha llevado a la Unión Europea a reforzar su estrategia en este ámbito.
Ese es precisamente el objetivo de normas como la Net-Zero Industry Act y el Critical Raw Materials Act. La primera busca impulsar la fabricación europea de tecnologías limpias estratégicas, entre ellas las baterías y el almacenamiento. La segunda fija metas para 2030 en extracción, procesamiento y reciclaje de materias primas estratégicas dentro de la UE, con la intención de reducir dependencias excesivas de terceros países y reforzar la seguridad del suministro.
La financiación pública también forma parte de ese movimiento. En 2024, la Comisión Europea lanzó una convocatoria específica de 1.000 millones de euros dentro del Innovation Fund para apoyar la fabricación de celdas de baterías en el continente. Aunque esta línea se dirige principalmente al ámbito de la batería, forma parte de un esfuerzo más amplio por consolidar una cadena de valor europea que abarque producción, innovación, reciclaje y escalado industrial.
El mercado europeo de baterías convencionales, principalmente enfocadas al ámbito de la movilidad, está hoy muy condicionado por la escala asiática, que concentra buena parte de la producción y de la cadena de suministro, mientras que en Europa el margen de crecimiento industrial es mayor en otras tecnologías y aplicaciones que todavía están en una fase más incipiente.
En ese escenario ganan visibilidad soluciones como el almacenamiento térmico, las baterías de flujo y otras alternativas orientadas a usos estacionarios, industriales o de larga duración, donde el mercado sigue menos maduro y ofrece más espacio para nuevos desarrollos. Este panorama muestra que la evolución industrial del almacenamiento en Europa no depende únicamente de la fabricación de baterías convencionales, sino también de la capacidad de posicionarse en segmentos tecnológicos que están todavía en expansión.
De esta manera, el almacenamiento se sitúa cada vez más en la intersección entre política energética y política industrial. El crecimiento del mercado europeo avanza junto a un esfuerzo por ampliar su capacidad productiva, reforzar el acceso a materiales y reducir vulnerabilidades en la cadena de suministro. La autonomía no significa prescindir del comercio internacional, sino aumentar la capacidad europea de participar con más peso en una industria que será central en la próxima fase de la transición energética.
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