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Los expertos coinciden: la máquina no sustituirá al trabajador, lo hará evolucionar

Cuando la máquina ejecuta y el humano decide: el nuevo equilibrio del empleo industrial

AeI talento apertura
La simbiosis perfecta: la máquina se ocupa de lo repetitivo y lo masivo; las personas se enfocan en lo que aporta más valor. FOTO: 123RF
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La irrupción de la inteligencia artificial, así como los avances en robótica y automatización industrial están redefiniendo el mercado laboral a gran velocidad. Mientras los puestos basados en tareas repetitivas pierden peso, crece la demanda de perfiles técnicos, analíticos y estratégicos. Pero: ¿estamos ante la sustitución del trabajador o ante una profunda transformación de sus funciones? Lejos de un escenario de sustitución masiva, la tecnología está impulsando una profunda transformación del empleo y del valor que aportan las personas en el entorno industrial. En este reportaje preguntamos a varios expertos acerca del avance de las nuevas tecnologías y cómo repercutirán estas en el día a día de las fábricas. Y todos coinciden: el futuro seguirá poniendo a las personas en el centro de cualquier operación.

 

“Los perfiles más afectados son aquellos basados en tareas repetitivas, altamente estandarizadas y con bajo valor añadido, como determinados puestos de operarios de línea, tareas básicas de inspección o procesos administrativos industriales muy rutinarios. Por el contrario, crece con fuerza la demanda de perfiles técnicos y mixtos, que combinan conocimiento industrial y competencias digitales: especialistas en automatización, robótica y control, ingenieros de datos industriales, expertos en IA aplicada a procesos productivos, ciberseguridad industrial y mantenimiento predictivo. Además, se valoran cada vez más profesionales capaces de integrar distintos sistemas, interpretar grandes volúmenes de datos y convertir esa información en decisiones operativas que mejoren la eficiencia, la seguridad y la calidad”, señala Almudena Gutiérrez, mánager del área de talento y formación de Dekra.

 

DEKRA

 

“La supervisión humana sigue siendo clave para aportar flexibilidad, criterio y capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas”, Almudena Gutiérrez, mánager del área de talento y formación de Dekra.

 

 

En líneas similares, José Andrés López de Fez, vocal del Comité de Sociedad Digital del IIE, comenta: “Lo que estamos viendo no es la desaparición de profesiones enteras, sino la devaluación de aquellos perfiles definidos exclusivamente por la ejecución repetitiva, baja autonomía y poca visión de conjunto. La tecnología actual penaliza el trabajo que consiste únicamente en seguir procedimientos estables o aplicar reglas conocidas. Esos roles no desaparecen de la noche a la mañana, pero pierden relevancia y valor de mercado. Nos referimos a tareas administrativas puras, análisis estandarizados o programación técnica básica sin responsabilidad de diseño. También afecta al reporting que no aporta decisión y a esos mandos intermedios cuyo único valor era mover información entre niveles jerárquicos. Desde el Comité observamos el estrechamiento de la ‘zona de aprendizaje’. Históricamente, los perfiles junior aprendían el oficio realizando tareas sencillas. Si la IA asume esas tareas, ¿dónde se formarán los expertos del futuro? Esto genera una tensión estructural en la forma de construir carreras profesionales, un tema que las empresas deben resolver rediseñando sus planes de gestión de talento”. Asimismo, subraya: “Ahora mismo, la demanda más fuerte se concentra en roles con capacidad de integración usando juicio profesional. El mercado busca perfiles que, dominando la herramienta tecnológica, incluida la IA, sepan discernir cuándo aplicarla y cuándo cuestionarla. Hablamos de arquitectos de sistemas más que de meros implementadores. Profesionales capaces de gestionar la incertidumbre, los riesgos, y que entienden los límites, los sesgos y las implicaciones legales de una decisión automatizada. Por último, observamos un auge de los roles de gobernanza, algo que tiene mucho sentido, pues automatizar decisiones exige definir primero las reglas del juego, los umbrales de riesgo y quién responde en última instancia. Son perfiles transversales que ligan la visión técnica con la regulatoria. Las organizaciones que no potencien estos perfiles híbridos tendrán mucha capacidad de cálculo, pero operarán bajo la espada de Damocles de riesgos desconocidos e inasumibles”.

 

IIE

 

“El mercado busca perfiles que, dominando la herramienta tecnológica, incluida la IA, sepan discernir cuándo aplicarla y cuándo cuestionarla”, José Andrés López de Fez, vocal del Comité de Sociedad Digital del Instituto de la Ingeniería de España (IIE).

 

Alfonso Muñoz Bisié, Business Development de AER Automation, indica: “La transformación digital no está eliminando perfiles profesionales, sino que está provocando una profunda reconversión de las competencias necesarias. En lugar de hablar de desaparición, hablamos de evolución obligatoria”. De esta manera, el especialista habla de dos tipos de perfiles:

  • Perfiles en transformación o disminución, que son los operarios de tareas manuales repetitivas y de bajo valor añadido, especialmente en líneas de producción tradicionales; técnicos con competencias exclusivamente mecánicas o eléctricas básicas, sin formación digital; personal dedicado a inspecciones visuales manuales en control de calidad; y puestos administrativos con tareas rutinarias de introducción de datos.
  • Perfiles de alta demanda actual: Ingenieros de automatización y robótica, con capacidad de integrar sistemas complejos; especialistas en Inteligencia Artificial aplicada a la industria (machine learning, visión artificial, mantenimiento predictivo); técnicos de mantenimiento de sistemas robóticos, capaces de intervenir en equipos avanzados; analistas de datos industriales (data scientists orientados a manufactura); coordinadores de celdas hombre-robot, un perfil completamente nuevo que gestiona la colaboración entre operarios y cobots; expertos en ciberseguridad industrial, ante la hiperconectividad de las fábricas inteligentes; especialistas en gemelos digitales y simulación de procesos; e ingenieros de optimización con IA, capaces de ajustar procesos en tiempo real.

 

Para Muñoz Bisié, el problema reside en la escasez de talento. “En España, la tasa de desempleo entre ingenieros es solo del 2%, señal de pleno empleo técnico, mientras que las empresas compiten ferozmente por estos perfiles. El descenso del 40% en matriculaciones de ingeniería en las últimas dos décadas agrava esta crisis de talento”, afirma.

 

“Vemos que los perfiles más expuestos al cambio son aquellos cuyo trabajo se basa en tareas repetitivas, estandarizadas y altamente predecibles, especialmente en ámbitos administrativos, operativos y de soporte. Por ejemplo, funciones como introducción de datos, tramitación documental, contabilidad básica, atención al cliente de primer nivel, gestión de pedidos o back office comercial están siendo progresivamente automatizadas mediante software, bots y sistemas de inteligencia artificial capaces de procesar grandes volúmenes de información de forma más rápida y eficiente. En la industria ocurre algo similar, ya que puestos centrados únicamente en operaciones manuales muy repetitivas o en el control visual de procesos están perdiendo peso, porque sensores, visión artificial y sistemas de control automático pueden realizar parte de esas tareas con mayor precisión y continuidad. En paralelo, vemos un crecimiento muy fuerte de la demanda de perfiles que permiten diseñar, operar y sacar partido a estas nuevas tecnologías. En el ámbito digital destacan perfiles como analistas de datos, científicos de datos, ingenieros de inteligencia artificial, especialistas en machine learning, expertos en cloud y ciberseguridad, que son clave para que las empresas puedan convertir los datos en decisiones y garantizar la seguridad de sus sistemas”, subraya Ignacio Santamaría, industrial engineering team leader de Randstad.

 

“La irrupción de la IA y otras tecnologías, tales como la automatización de procesos mediante RPA, está reconfigurando el mercado laboral, de modo que se está produciendo una lenta desaparición de los perfiles profesionales cuya actividad se basa en la ejecución de tareas repetitivas y deterministas, que no requieren de la toma de decisiones complejas. Estos roles, afortunadamente, son fácilmente automatizables”, afirma Pepe Marqués Morán, decano de la Facultad de Tecnología, Innovación y Ciencias Aplicadas de UDIT. De este modo, “perfiles como administrativos operativos, atención al cliente, contabilidad básica y soporte técnico van a sufrir una profunda transformación, y en muchos casos, desaparición. Por el contrario, los perfiles más demandados serán aquellos que combinen el uso de la tecnología, la aplicación de un pensamiento crítico, un conocimiento profundo del negocio y la creatividad. En este sentido, y paradójicamente, cuanto más avanza la IA, más valor tienen capacidades y competencias intrínsecamente humanas como pensamiento crítico, creatividad, liderazgo, comunicación, ética y adaptación al cambio”, apunta.

 

UDIT 1
Uno de los problemas reside en la escasez de talento. En España, la tasa de desempleo entre ingenieros es solo del 2% mientras que las empresas compiten ferozmente por estos perfiles. FOTO: UDIT

Automatización: ¿sustitución o transformación?

“Vemos que, en la práctica, la automatización está transformando el empleo más que eliminándolo. Muchas tareas se automatizan, pero los puestos evolucionan hacia funciones de supervisión, programación, análisis, mantenimiento, control de calidad y mejora de procesos. El trabajo se desplaza desde lo manual y repetitivo hacia lo técnico, lo analítico y lo estratégico”, indica el industrial engineering team leader de Randstad. “Hay capacidades que la tecnología no puede replicar plenamente: el juicio humano, la toma de decisiones en contextos inciertos, la creatividad, el liderazgo, la empatía y la gestión de personas. La máquina puede procesar millones de datos, pero no puede asumir la responsabilidad, ni interpretar matices humanos, ni construir cultura, ni liderar equipos en momentos de cambio”, subraya.

 

“La automatización industrial no está destruyendo y reemplazando empleo, sino que lo está transformando. Históricamente, cada gran revolución tecnológica ha eliminado tareas y perfiles concretos, pero ha creado nuevos perfiles profesionales de mayor valor añadido. Hoy, con la llegada de la IA, ocurre lo mismo, ya que los trabajos más repetitivos, con mayor carga física o peligrosos y penosos se automatizan, mientras que crecen los empleos vinculados a dirección y supervisión, mantenimiento avanzado, programación, análisis y toma de decisiones. La automatización sustituye tareas elevando el valor del trabajo humano. Las empresas que entienden esto no ponen el foco en la reducción de plantillas, sin más, sino que reinvierten los ahorros generados, con la automatización, en capacitación y formación, logrando una mayor productividad y generando empleo más estable y mejor remunerado”, enfatiza el Decano de UDIT. Aunque la IA continúe avanzando, tal y como apunta, hay capacidades humanas que seguirán siendo esencialmente irreemplazables, porque no son solo técnicas, sino que además son profundamente humanas:

  • Pensamiento crítico y juicio ético (valorar consecuencias, contexto e impacto humano).
  • Creatividad auténtica (generar ideas verdaderamente nuevas, no solo combinaciones estadísticas).
  • Empatía y conexión humana (comprender emociones, motivar y acompañar).
  • Liderazgo e influencia (movilizar equipos, gestionar conflictos e inspirar a otros).
  • Toma de decisiones en entornos ambiguos, cuando no hay datos suficientes ni reglas claras de decisión, y la “intuición” y la experiencia entran en juego.
  • Comunicación efectiva y persuasiva (negociar, explicar y construir confianza).
  • Capacidad para priorizar (qué merece la pena hacer y no solo cómo hacerlo).

 

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Aunque la IA continúe avanzando, tal como se prevé que ocurra, hay capacidadeshumanas que seguirán siendo esencialmente irreemplazables. FOTO: UDIT

Desde AER Automation defienden una posición basada en evidencia: La automatización está transformando el empleo, no reemplazándolo. Y más aún: En el contexto europeo actual, la robótica es una respuesta necesaria ante la escasez de mano de obra, no su causa. La clave es acompañar esta transición con formación continua y recualificación (reskilling y upskilling) para que ningún trabajador quede atrás. Por eso desde AER impulsan proyectos para cubrir todo el espectro formativo: desde vocaciones STEAM en primaria hasta programas de recapacitación para profesionales en activo. “La Industria 5.0 pone precisamente a la persona en el centro; las máquinas deben adaptarse a las personas, no al revés. El futuro no es humano versus máquina, sino humano con máquina, cada uno aportando sus fortalezas únicas. Como dice la IFR (Federación Internacional de Robótica): Los robots llenan huecos donde faltan operarios, pero crean nuevos puestos de trabajo más cualificados. En 2025, AER Automation junto a IFR, la asociación alemana VDM, la A3 americana y el Hub de Odense (Dinamarca) firmamos la declaración de Barcelona por una industria resiliente, sostenible y centrada en las personas”, indica Muñoz Bisié.

 

“A lo largo de la humanidad, las herramientas no han eliminado muchos trabajos, sino que los han transformado, y la automatización industrial no es diferente. No está sustituyendo empleo de forma lineal, sino que lo está mutando. Lo que cambia radicalmente es la composición del trabajo y, sobre todo, por qué se paga. Las máquinas desplazan tareas concretas, no ocupaciones completas, ya que eliminan lo repetitivo y predecible, pero rara vez eliminan la necesidad de tener personas gobernando el proceso. Aunque la automatización crea empleo indirecto en mantenimiento avanzado, datos o integración, estos nuevos roles no surgen necesariamente donde se destruyen los antiguos, ni requieren las mismas competencias. El balance macroeconómico puede ser neutro, pero eso es un consuelo estadístico que no resuelve el problema real. Tenemos un desajuste de velocidad entre cómo evoluciona la tecnología y cómo se actualizan las capacidades de las personas”, señala el vocal del Comité de Sociedad Digital del IIE. “Las máquinas pueden ejecutar, optimizar y correlacionar a velocidades inalcanzables para nosotros, pero siguen sin poder asumir responsabilidad real, entendida como la necesidad de decidir con información incompleta, gestionar intereses en conflicto y responder personalmente por las consecuencias cuando no existe una salida limpia. El juicio profesional no consiste en calcular mejor, sino en priorizar bajo ambigüedad y aceptar que, en muchos contextos reales, no hay soluciones óptimas ni decisiones sin coste. Sigue siendo irreemplazable la capacidad de redefinir el problema cuando el marco de partida es erróneo o insuficiente. La inteligencia artificial opera dentro de estructuras dadas, optimizando objetivos explícitos, mientras que las personas detectan cuándo la pregunta está mal formulada, cuándo el objetivo declarado no coincide con la necesidad real o cuándo el problema relevante es otro distinto del que figura en el enunciado. Esa capacidad de replantear los fines y no limitarse a mejorar los medios resulta indispensable en entornos complejos y cambiantes”, apunta.

 

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La formación técnica y profesional avanza, pero aún existe una brecha clara entre lo que enseñan muchos programas y lo que hoy demanda la industria real. FOTO: UDIT

Con respecto a la posición del mánager del área de talento y formación de Dekra: “Más que una sustitución masiva del empleo, estamos viviendo una profunda transformación. La automatización elimina ciertas tareas, pero crea otras nuevas y redefine muchas existentes.

El empleo no desaparece, evoluciona: el trabajador deja de ser un ejecutor manual para convertirse en supervisor de procesos, analista, programador, técnico de mantenimiento especializado o gestor de sistemas complejos. El verdadero riesgo no es la automatización en sí, sino la falta de adaptación a ella. Esto obliga a las organizaciones a ser muy ágiles en la gestión del talento y, especialmente, en la formación. Es clave identificar las competencias que vamos a necesitar en el corto y medio plazo y ser muy rápidos para desarrollar esos conocimientos y habilidades dentro de nuestra compañía, o salir a buscarlos fuera. Las máquinas superan al ser humano en precisión, resistencia y repetitividad: no se cansan, no pierden la concentración y ejecutan tareas de forma constante. Sin embargo, siguen siendo limitadas en aspectos como el pensamiento crítico, la creatividad, la toma de decisiones en entornos ambiguos, el liderazgo y la responsabilidad ética. La capacidad de anticipar problemas complejos, interpretar contextos no estructurados, innovar, coordinar equipos y asumir la responsabilidad final de las decisiones seguirá siendo claramente humana, en especial en entornos industriales críticos donde la seguridad y la fiabilidad son fundamentales”.

 

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Se están dando pasos importantes, pero todavía existe una brecha entre la velocidad a la que avanza la tecnología y la capacidad de los sistemas formativos para adaptarse. FOTO: UDIT

Formación: el gran cuello de botella

“La formación técnica y profesional avanza, pero aún existe una brecha clara entre lo que enseñan muchos programas y lo que hoy demanda la industria real”, indica Marqués Morán. El problema radica en aspectos como:

  • Planes formativos que evolucionan más lento que la tecnología, sobre todo cuando se trata de planes formativos de carácter oficial.
  • Exceso de teoría y déficit de práctica aplicada, salvo en unas pocas instituciones universitarias que priman el aprendizaje aplicado y conectado con la industria (empresas y proyectos reales) frente a los planes de estudio centrados en cargas lectivas teóricas muy elevadas.
  • Falta de foco en la combinación transversal de competencias (competencias técnicas, conocimiento del negocio y habilidades interpersonales).

 

“El modelo educativo tradicional no está quebrado, pero necesita una transformación profunda para alinearse con la nueva industria y los nuevos paradigmas tecnológicos. Dicha transformación debe empezar por la transformación de las propias estructuras y regulaciones públicas que en muchas ocasiones suponen un freno a la necesaria evolución de la formación. Las instituciones que integren tecnología real, conexión con empresas y desarrollo de competencias humanas sí estarán asegurando que sus egresados afronten la vida profesional con el enfoque y herramientas adecuadas. El resto de las instituciones educativas corre el riesgo de quedarse atrás y de contribuir en mucha menor medida a la evolución de la sociedad en este nuevo contexto de disrupción tecnológica. Por tanto, deberán subirse al tren del nuevo paradigma de la formación o, de lo contrario, se arriesgarán a desaparecer”, concluye el decano de la UDIT.

 

RECURSO 3
Las fábricas más avanzadas no buscan eliminar al humano, sino implantar un modelo ‘human-in-the-loop’. FOTO: 123RF

Para López de Fez, la formación técnica y profesional no está preparada para el nuevo escenario industrial. “El problema no es la falta de contenidos técnicos, sino un desfase estructural entre cómo se forma y cómo se trabaja hoy en día. La formación técnica y profesional sigue organizada en silos, con oficios bien delimitados y trayectorias previsibles. Ese esquema tenía sentido cuando el valor estaba en ejecutar correctamente una tarea definida. El escenario industrial actual exige otra cosa. El trabajo real consiste cada vez más en integrar sistemas, interpretar situaciones cambiantes y tomar decisiones donde lo técnico, lo organizativo y lo normativo ya vienen mezclados. Ahí es donde el modelo empieza a fallar. A ese desfase se suma un error básico, y es que la tecnología se sigue enseñando como algo que se usa, no como el entorno en el que se trabaja. Se aprende a manejar herramientas concretas, pero no a desenvolverse en organizaciones donde los sistemas ya priorizan, recomiendan y condicionan decisiones. Falta formación en la capacidad crítica que aporta un profesional, en lectura de consecuencias y en asumir responsabilidad sobre decisiones mediadas por IA. No es un problema de horas de temario, sino de cómo se define el propio oficio. El tercer elemento es la ruptura del aprendizaje tradicional. Las tareas sencillas que antes servían de entrada al oficio se están automatizando y con ellas desaparece buena parte del aprender haciendo. Sin embargo, universidad y FP siguen apoyando su promesa de empleabilidad en unas prácticas que ya no cumplen esa función formativa, sin haber creado alternativas sólidas para exponer al alumno a complejidad real antes de incorporarse a un entorno productivo”, comenta el ingeniero del IIE.

 

En líneas similares, Muñoz Bisié destaca que aún no es suficiente la preparación ante el nuevo escenario, aunque se están dando pasos importantes. De esta manera, afirma que existe un desfase preocupante entre la velocidad del cambio tecnológico y la capacidad de adaptación de los sistemas formativos. Por ello, enumera una lista de necesidades:

  • Diseño conjunto de programas entre empresas, centros formativos y administraciones.
  • Actualización ágil de cualificaciones profesionales con colaboración de las administraciones, sector académico y empresa privada.
  • Prácticas de calidad en empresas con condiciones laborales atractivas.
  • Acompañamiento pedagógico real a docentes en tecnologías avanzadas.
  • Inversión en equipamiento actualizado en centros de FP y universidades.
  • Promoción agresiva de vocaciones STEM, especialmente entre mujeres (solo 25% de estudiantes de ingeniería).

 

UDIT

“Los perfiles más demandados serán aquellos que combinen el uso de la tecnología, la aplicación de un pensamiento crítico, un conocimiento profundo del negocio y la creatividad”, Pepe Marqués Morán, Decano Facultad de Tecnología de UDIT, Universidad de Diseño, Innovación y Tecnología.

 

“El cambio está en marcha, pero necesita acelerar drásticamente. La formación continua ya no es opcional: más del 65% de los ingenieros en activo realiza cursos de actualización, y más del 40% se centra en competencias digitales (IA, big data, IoT, blockchain). La coordinación europea es esencial para garantizar la movilidad de talento con habilidades homologadas”, subraya el especialista de AER Automation.

 

“Detectamos avances, pero también una brecha que es necesario cerrar. La velocidad a la que evolucionan la IA, la robótica o la digitalización industrial obliga a apostar mucho más por la formación continua, el reskilling y el aprendizaje a lo largo de toda la vida laboral. El reto ya no es solo formar bien al inicio, sino actualizar constantemente las competencias para que los profesionales sigan siendo empleables”, afirma Santamaría.

 

RANDSTAD

 

“Hay capacidades que la tecnología no puede replicar plenamente: el juicio humano, la toma de decisiones en contextos inciertos, la creatividad, el liderazgo, la empatía y la gestión de personas”, Ignacio Santamaría, industrial engineering team leader de Randstad.

 

Finalmente, para Gutiérrez, se están dando pasos importantes en la formación, pero todavía existe una brecha entre la velocidad a la que avanza la tecnología y la capacidad de los sistemas formativos para adaptarse. La formación técnica y profesional debe ser más flexible, interdisciplinar y orientada al aprendizaje continuo. “Ya no basta con una titulación inicial: la actualización constante en automatización, software, análisis de datos e IA será clave. En este contexto, la colaboración entre la industria, centros de formación y universidades resulta fundamental para reducir esta brecha. Desde Dekra Training impulsamos el desarrollo de competencias técnicas y transversales a través de soluciones formativas adaptadas a la realidad industrial. Combinamos metodologías presenciales y digitales, formación en planta, programas a medida, e-learning y aulas virtuales, siempre con un enfoque práctico y orientado a las necesidades reales de cada empresa. Nuestro objetivo es acompañar a las organizaciones en ese proceso continuo de actualización de talento”, afirma la especialista de Dekra.

 

RECURSO 4
Con la IA y la automatización se elimina lo repetitivo que no aporta valor real al resultado y se revaloriza el criterio, la creatividad, la ética, el liderazgo y la capacidad de dar sentido a la tecnología. FOTO: 123RF

¿Fábricas sin humanos?

“Una fábrica puede operar largos periodos sin personas en planta, pero no sin inteligencia humana en el sistema. El diseño del producto, la gestión del riesgo, la respuesta a imprevistos y, sobre todo, la responsabilidad legal, siguen siendo funciones intransferibles. Lo que desaparece es la presencia física continua, no el juicio ni la rendición de cuentas. Desde el punto de vista técnico, ya existen entornos cerrados con una autonomía muy alta, como la fabricación de semiconductores o ciertos procesos químicos continuos. Ahí la automatización funciona porque la variabilidad está efectivamente contenida. En cuanto aparece una mezcla compleja de productos, materiales no homogéneos o una demanda errática, la autonomía se degrada con rapidez. El límite no lo pone la IA, sino la dificultad de reducir el mundo físico y organizativo a un conjunto estable de supuestos. Tampoco está claro que el objetivo sea deseable. Una fábrica totalmente autónoma optimiza la eficiencia bajo condiciones conocidas, pero las organizaciones sobreviven adaptándose cuando esas condiciones fallan. Eliminar a los humanos de la operación diaria reduce la capacidad de detectar anomalías no previstas y facilita que los errores sistémicos se propaguen sin control. El problema no es solo que la máquina se equivoque, sino que lo haga de forma simultánea, opaca y a escala. La autonomía operativa en entornos muy controlados ya es una realidad. La autonomía generalizada en industrias con alta variabilidad no es un horizonte de cinco o diez años, no por falta de modelos, sino porque exige rediseñar productos, contratos, incentivos y responsabilidades para que esa autonomía sea asumible. Es un cambio estructural antes que tecnológico. En la práctica, lo que se está consolidando no es la fábrica sin personas, sino la fábrica con menos personas haciendo cosas de más valor, con menos ejecución y más supervisión y gobierno del sistema. El riesgo está en vender la fantasía de la autonomía total y descubrir demasiado tarde que lo que hemos eliminado no es la ineficiencia de las personas, sino los amortiguadores que evitaban el desastre”, destaca López de Fez.

 

Para Marqués Morán, una fábrica totalmente autónoma es posible en casos concretos, pero no es realista ni deseable como modelo generalizado. “La industria real es mayoritariamente variable, ambigua, está llena de excepciones y es profundamente dependiente del contexto humano, legal y social. Las fábricas más avanzadas no buscan eliminar al humano, sino implantar un modelo “human-in-the-loop” en el que los sistemas autónomos estén sometidos a la supervisión, el criterio y la responsabilidad humana. Una autonomía total universal, adaptable y segura es algo que probablemente no será una realidad antes de la segunda mitad de siglo, si llega a alcanzarse. Por tanto, muy probablemente el futuro no traerá fábricas sin humanos, sino fábricas donde la tecnología amplificará el talento humano en lugar de sustituirlo”, argumenta el experto de UDIT.

 

“Desde el punto de vista técnico, ya es posible alcanzar altos niveles de autonomía en entornos muy controlados y en procesos concretos. Sin embargo, una fábrica completamente autónoma, sin ningún tipo de intervención humana, plantea desafíos técnicos, económicos, de seguridad y también éticos. La supervisión humana sigue siendo clave para aportar flexibilidad, criterio y capacidad de respuesta ante situaciones imprevistas. Más que fábricas sin personas, el futuro apunta a fábricas con menos tareas manuales y más inteligencia humana supervisando y optimizando sistemas cada vez más avanzados”, destaca la especialista de Dekra.

 

RECURSO 1
La transformación digital no está eliminando perfiles profesionales, sino que está provocando una profunda reconversión
de las competencias necesarias. FOTO: 123RF

Para AER Automation, “una fábrica totalmente autónoma para ciertos procesos específicos y acotados es técnicamente factible en el corto-medio plazo (5-10 años) en entornos muy controlados y repetitivos. Ya existen plantas con altísimos niveles de automatización que operan con mínima supervisión humana directa. Desde el punto de vista estratégico, una fábrica completamente autónoma sin ninguna intervención humana no es deseable, ni probable como modelo generalizado. La fábrica del futuro será altamente automatizada, hiperconectada y flexible, con sistemas de IA que optimizan procesos en tiempo real, robots colaborativos trabajando junto a humanos y gemelos digitales simulando operaciones. La pregunta correcta no es ¿cuándo tendremos fábricas sin humanos?, sino ¿cómo diseñamos fábricas donde humanos y máquinas colaboren óptimamente? La tecnología debe estar al servicio de las personas y la sociedad, no al revés”.

 

“Es posible automatizar procesos muy concretos hasta niveles muy altos, pero una fábrica completamente autónoma, sin intervención humana, es difícil de generalizar. Siempre habrá excepciones, incidencias, decisiones críticas, cuestiones de seguridad o de calidad que requieren las personas. El modelo hacia el que avanzamos no es la fábrica sin humanos, sino la fábrica con humanos en el centro de la supervisión, el control y la mejora continua”, declara el ingeniero de Randstad.

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El empleo no desaparece, evoluciona: el trabajador deja de ser un ejecutor manual para convertirse en supervisor de procesos. FOTO: 123RF

Evolución, no sustitución

¿Acabará la máquina sustituyendo al hombre o más bien lo hará evolucionar? Es la pregunta más recurrente ante el avance de la tecnología. Sin embargo, todos coinciden en que la máquina nunca sustituirá al ser humano, sino que le hará evolucionar. “La evidencia histórica y tecnológica apunta a que las máquinas no sustituirán al ser humano, sino que le obligarán a evolucionar. En este sentido, cada gran salto tecnológico (la máquina de vapor, la electricidad, Internet) generó en su inicio el mismo temor. Sin embargo, en todos los casos ocurrió lo mismo, ya que desaparecieron tareas, pero surgieron profesiones nuevas, más cualificadas y necesariamente humanas. Con la IA y la automatización está ocurriendo exactamente lo mismo porque se elimina lo repetitivo que no aporta valor real al resultado y se revaloriza el criterio, la creatividad, la ética, el liderazgo y la capacidad de dar sentido a la tecnología, competencias todas ellas propias y exclusivas del ser humano. Es evidente que las máquinas serán cada vez más poderosas, pero el ser humano seguirá siendo imprescindible para decidir dónde y cómo se enfoca ese poder. En definitiva, la verdadera disrupción no es tecnológica, sino cultural. En la carrera por dominar el mundo, no serán las máquinas quienes tomen ese control (The Matrix o Terminator son solo magníficas películas que muestran realidades distópicas que no pasarán del celuloide a la realidad); quedarán atrás quienes no evolucionen y liderarán el mundo quienes aprendan, se adapten y utilicen la tecnología como aliada”, afirma Pepe Marqués Morán.

 

“La tecnología no viene a sustituir a las personas, sino a redefinir su valor. La máquina se ocupa de lo repetitivo y lo masivo; las personas se enfocan en lo que aporta más valor: pensar, decidir, crear y liderar. En este sentido, la IA y la automatización no reducen el papel del ser humano, sino que lo elevan, siempre que exista una apuesta clara por la formación y el desarrollo del talento”, subraya Ignacio Santamaría.

 

“Históricamente, los perfiles junior aprendían el oficio realizando tareas sencillas. Si la IA asume esas tareas, ¿dónde se formarán los expertos del futuro? Esto genera una tensión estructural en la forma de construir carreras profesionales, un tema que las empresas deben resolver rediseñando sus planes de gestión de talento. Ahora mismo, la demanda más fuerte se concentra en roles con capacidad de integración usando el juicio profesional. El mercado busca perfiles que, dominando la herramienta tecnológica, incluida la IA, sepan discernir cuándo aplicarla y cuándo cuestionarla. Hablamos de arquitectos de sistemas más que de meros implementadores. Profesionales capaces de gestionar la incertidumbre, los riesgos, y que entienden los límites, los sesgos y las implicaciones legales de una decisión automatizada. Por último, observamos un auge de los roles de gobernanza, algo que tiene mucho sentido, pues automatizar decisiones exige definir primero las reglas del juego, los umbrales de riesgo y quién responde en última instancia. Son perfiles transversales que ligan la visión técnica con la regulatoria. Las organizaciones que no potencien estos perfiles híbridos tendrán mucha capacidad de cálculo, pero operarán bajo la espada de Damocles de riesgos desconocidos e inasumibles”, apunta López de Fez.

 

“La historia industrial demuestra que cada gran avance tecnológico no elimina al ser humano, sino que redefine su papel. La automatización y la IA no vienen a sustituir al trabajador, sino a impulsarlo a evolucionar. El verdadero valor en la industria del futuro no estará en competir con la máquina, sino en complementarla. Aquellos profesionales y organizaciones que entiendan esta relación de colaboración entre tecnología y talento humano serán los verdaderos protagonistas de la industria del mañana”, concluye Almudena Gutiérrez.

 

AER

 

“La formación continua ya no es opcional: más del 65% de los ingenieros en activo realiza cursos de actualización, y más del 40% se centra en competencias digitales”, Alfonso Muñoz Bisié, Business Development de AER Automation (Asociación Española de Robótica y Automatización).

 

“La máquina no sustituirá al hombre. La máquina hará evolucionar al hombre. Esta es nuestra convicción profunda en AER Automation, respaldada por evidencia histórica, datos actuales y la naturaleza misma de la relación humano-tecnología. Cada revolución tecnológica, desde la máquina de vapor hasta Internet, ha generado los mismos temores de sustitución masiva del empleo. Y cada vez, la realidad ha demostrado que la tecnología transforma el trabajo, no lo elimina. Lo que sí cambia radicalmente es el tipo de trabajo que realizamos. La Industria 5.0 europea deja claro el camino: el futuro está centrado en las personas. Las máquinas deben adaptarse a los humanos, no al revés. Los robots colaborativos (cobots) trabajan junto a las personas, no en lugar de ellas. La IA aumenta las capacidades humanas, no las reemplaza”, finaliza Alfonso Muñoz Bisié.


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Este artículo aparece publicado en el nº 567 de Automática e Instrumentación págs 36 a 45.

   Entrevista a Francisco José Alférez, miembro del Grupo de Trabajo de Industria 4.0. en ISA

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